¡Tienes tiempo más que suficiente… solo deja de procrastinar!

Curiosamente, en estos días en los que afirmamos y nos quejamos de que no tenemos suficiente tiempo, la mayoría de nosotros parece esperar hasta el último minuto para realizar ciertas tareas. Y lo hacemos porque no nos gusta la tarea en cuestión, o simplemente porque es demasiado desafiante.

Lo mismo ocurre cuando tenemos miedo a las consecuencias y a los resultados negativos. A menudo, las cosas se terminan y no se sufre ninguna consecuencia real; o podemos sufrir consecuencias, pero generalmente no son sustanciales. En palabras de la Dra. Ramírez Basco: “la razón número uno por la que procrastinamos es porque podemos”.

La procrastinación es un desafío que todos hemos enfrentado en un momento u otro. Desde que existen los seres humanos, hemos luchado contra el retraso, la evitación y la procrastinación en asuntos que nos importan. La procrastinación generalmente implica ignorar una tarea desagradable, pero probablemente más importante, en favor de una que sea más agradable o fácil. Cuando procrastinamos, en lugar de trabajar en tareas importantes y significativas, nos encontramos realizando actividades triviales.

Procrastinamos para sobrellevar la situación, anulando sentimientos desagradables o incluso dolorosos sobre ciertas tareas que posiblemente son difíciles de realizar o que tienen consecuencias negativas percibidas. En resumen: evitación del dolor. Según la Dra. Ramírez Basco, se trata de un estado alterado de la realidad.

En resumen, la procrastinación es un hábito tan automático que no requiere planificación consciente; un hábito difícil de cambiar. No es algo que podamos simplemente decidir abandonar y dejarlo ir por completo. Es nuestra zona de confort, donde nos sentimos más a gusto. Sabemos que está sucediendo cuando tenemos problemas para persuadirnos a nosotros mismos de hacer las cosas que deberíamos o nos gustaría hacer.

La investigación en psicología conductual ha revelado un fenómeno llamado “inconsistencia temporal”, que ayuda a explicar por qué la procrastinación parece atraernos, a pesar de nuestras buenas intenciones. Es la tendencia del cerebro humano a valorar más las recompensas inmediatas que las recompensas futuras.

Los episodios menores de procrastinação pueden hacernos sentir culpables o avergonzados. Pueden conducir a una reducción de la productividad y hacer que perdamos la oportunidad de alcanzar nuestras metas. Peor aún, cuando procrastinamos durante un largo período, podemos desmotivarnos y desilusionarnos con nuestro trabajo, lo que puede derivar en estrés, depresión y burnout.

Cabe mencionar que la procrastinación no es pereza. La procrastinación es un proceso activo; elegimos hacer otra cosa en lugar de la tarea que sabemos que deberíamos estar haciendo. Mientras que la procrastinación es activa, la pereza, en contraste, sugiere apatía, inactividad y falta de voluntad para actuar.